Cuando los hijos crecen, los planes de siempre dejan de funcionar. El parque ya no atrae, la bicicleta se queda en el trastero y el móvil gana la partida. No pasa nada: es una etapa, y hay formas de seguir compartiendo momentos al aire libre. Lo importante es dejar de insistir con lo antiguo y ofrecer algo nuevo, que el adolescente sienta como suyo.
Dejar que elija
Preguntadle qué le gustaría hacer. Puede ser un paseo hasta un sitio nuevo, una vuelta en patinete, un rato de baloncesto en una cancha o simplemente ir andando a por un helado. Cuando la propuesta viene de él, es más probable que se apunte con ganas. Si dice que no, aceptadlo con calma y volved a preguntar otro día.
Combinad el movimiento con algo que le interese. Una ruta para hacer fotos, un paseo en el que escuchar su música, una excursión que termina en su lugar favorito para comer. Invitar a un amigo o a una amiga puede cambiarlo todo, porque para muchos adolescentes es más fácil salir con sus iguales que con la familia.
Los recados son una buena excusa. Ir andando a por el pan, sacar al perro, llevar un paquete a casa de un familiar o hacer la compra en bicicleta son tareas con un fin práctico. No parecen un plan para moverse, y eso a veces ayuda. Además, tienen un principio y un final claros, sin compromiso de pasar toda la tarde fuera.
Sin sermones
Evitad los sermones, las comparaciones con cómo eran las cosas antes y las frases sobre lo que deberían hacer. Un adolescente que se siente presionado se cierra, y uno que se siente respetado se abre. Salid con curiosidad, hablad de otras cosas, dejad que sea él quien rompa el silencio y aceptad que a veces solo caminaréis uno al lado del otro.
Sed constantes sin ser pesados. Una propuesta de vez en cuando, sin presión, mantiene la puerta abierta. Aunque un rechazo duela, el hecho de que sigáis invitando cuenta. Y cuando acepte, no lo convirtáis en un examen: disfrutad del paseo, agradecedle la compañía y dejad que decida cuándo llega el siguiente plan.