Bailar en la cocina con los niños

Ilustración de un paisaje

La cocina es el corazón de muchas casas, y también puede ser el mejor sitio para bailar. Mientras se prepara la cena, basta con poner una canción y dejar que la música haga el resto. Los niños aparecen enseguida, empiezan a moverse y de pronto la tarea de cocinar se convierte en una pequeña fiesta. No hace falta espacio ni preparación, solo ganas de reírse un rato.

Música para todos

Elegid las canciones por turnos: una la elige el adulto, otra el niño, otra el más pequeño. Así todos tienen voz. Podéis alternar canciones rápidas y lentas, para que haya momentos de saltar y momentos de balancearse. Si hay un bebé, se puede bailar despacio con él en brazos, hablando o cantando por encima de la música.

Usad lo que hay a mano. Una cuchara de madera puede ser un micrófono, un paño de cocina un pañuelo de baile, una olla vacía un tambor. Los niños inventan enseguida coreografías con estos objetos. Y si la canción tiene un estribillo que todos conocen, se puede cantar a coro mientras se remueve la sopa.

Pensad en la seguridad de forma práctica. Cuando hay fuego, cuchillos u ollas calientes, los niños no corren ni bailan cerca. Un adulto aparta lo peligroso antes de que empiece el baile, o el baile se hace en otro momento, cuando la cocina está libre. Un suelo mojado resbala, así que conviene secarlo antes de saltar.

Mientras se recoge

También se puede bailar mientras se recoge. Poned una canción y mirad cuántos platos caben en el escurridor antes de que acabe, o quién ordena más juguetes durante el estribillo. Una tarea aburrida se hace mucho más ligera con música, y todos se ríen al final de la canción.

Lo mejor de bailar en la cocina es que no hace falta hacerlo bien. Nadie mira, y si alguien mira, es para reírse juntos. Con el tiempo, cada familia tiene sus canciones favoritas, las que se ponen los domingos o cuando hay ganas de celebrar algo pequeño. Esos momentos, breves y sencillos, son de los que se recuerdan.